Cómo funcionan las cosas en el país menos corrupto del mundo

Esta semana se conoció el Índice de Percepción de la Corrupción, que elabora Transparencia Internacional (TI). Lo encabezan Nueva Zelanda y Dinamarca, con 90 puntos sobre 100, el nivel mínimo de corrupción que se puede tener. Completan las primeras posiciones del ranking Finlandia (89), Suecia (88), Suiza (86) y Noruega (85).

Lo de Dinamarca no sorprende. Los países nórdicos están al frente de casi todos los índices de calidad institucional y de condiciones de vida. Son famosos por eso. De hecho, cuatro de los seis con mejores resultados en el IPC pertenecen a esa región.

El que no tiene tanta prensa es Nueva Zelanda. Este país insular aislado en el Océano Pacífico, de sólo 4.5 millones de habitantes, es más famoso por los All Blacks, su temible seleccionado de rugby, que por sus logros sociopolíticos. Sin embargo, es una nación notablemente exitosa. No es rica: su PIB per cápita de 35 mil dólares está en el puesto 31 a nivel mundial. Pero con recursos moderados hizo mucho. Tiene un Índice de Desarrollo Humano de 0,913 sobre 1, sólo superado por ocho países; una esperanza de vida de casi 82 años; y es después de Australia el segundo en expectativas de escolaridad, que llegan a 19,2 años.

En un mundo cada vez más anómico crecen las oportunidades para que gobernantes y funcionarios abusen de los recursos públicos y los usen en su propio beneficio. La corrupción se vuelve así un problema incontrolable en muchos países. Por eso haberla reducido a su mínima expresión es un mérito enorme para Nueva Zelanda.

“Los países con una larga estabilidad económica, política y social, con tradición de apertura en los asuntos públicos, y con una fuerte libertad de expresión, rankean bien en el CPI. En Nueva Zelanda hay un amplio consenso en que la integridad y la rendición de cuentas son críticas para el éxito del sistema de gobierno. Esto no previene completamente la corrupción, pero es una manera de minimizarla, detectarla y castigarla cuando se produce”, dijo a Infobae Kate Hanlon, que está a cargo del programa Asia Pacífico de TI.

Cuando las instituciones funcionan

“Nueva Zelanda fue la primera nación del mundo en introducir el sufragio universal en 1893. Todos los residentes, hombres y mujeres, sin importar su etnicidad, podían votar. En 1912 fue el primer país en sancionar leyes para instaurar un sector público enteramente basado en el mérito. Con atributos democráticos de este tipo, el país refinó continuamente los procesos para fortalecer el estado de derecho y el acceso a la información oficial”, afirmó Suzanne Snively, miembro del directorio de TI en Nueva Zelanda.

La ex colonia británica se autogobierna desde 1853, cuando sancionó su Constitución. Pasó a ser formalmente autónomo en 1907, cuando adquirió el estatus de dominio del Reino Unido. A mediados de siglo pasó a ser totalmente independiente, aunque permaneciendo en el Commonwealth, la comunidad de naciones que tiene como reina y jefa de Estado a Isabel II. El poder político reside en Parlamento, y el primer ministro es desde diciembre de 2016 Bill English, del Partido Nacional.

“La principal forma de corrupción política hasta los primeros años del siglo XX era el sistema de patronazgo en el nombramiento de los funcionarios gubernamentales. Pero eso se terminó en 1913 con la creación de un servicio público neutral. Desde entonces ha estado mayormente libre de corrupción, salvo algunos casos excepcionales”, dijo a Infobae Robert Gregory, profesor emérito de política en la Escuela de Gobierno de la Universidad de Wellington.

Que el grueso de la burocracia sea nombrada según estrictos criterio de mérito es una de las claves para evitar que oportunistas y advenedizos copen el Estado. Además crea incentivos para que los funcionarios quieran mejorar su situación personal trabajando mejor, no robando. “Tenemos un servicio público robusto, bien remunerado y respetado, un sistema legal eficiente y confiable. También se destaca nuestro ethos de democracia, igualitarismo e imparcialidad”, dijo el abogado Daniel Kalderimis, socio de la firma Chapman Tripp.

Una sociedad integrada

“Una cosa que ha tenido un impacto significativo es que Nueva Zelanda tiene poca población pero muchos recursos naturales disponibles. Eso significa que hay muchas oportunidades para cualquiera que quiera iniciar un emprendimiento o impulsar una idea innovadora. No necesitamos competir con un número demasiado grande de personas por los recursos y las oportunidades”, explicó Lorinda Kelly, asesora de riesgos en la consultora Deloitte, en diálogo con Infobae.

Esas condiciones favorables fueron complementadas con un sistema de protección social desplegado tempranamente por el Estado, sobre todo después de la crisis del 30. Gracias a eso los niveles de pobreza y desigualdad fueron siempre muy bajos, dando lugar a una sociedad integrada, de la que casi nadie se queda afuera.

“También creo que nuestra cultura contribuye a la poca corrupción —dijo Kelly—. Los neozelandeses del siglo XIX la tenían muy difícil, estando aislados en el fondo del mundo. Como resultado, tuvieron que ser tanto innovadores como colaborativos, trabajando juntos para construir una vida mejor para ellos mismos. Ése sigue siendo un rasgo típico de los neozelandeses de hoy. Son valores que no se aprenden en la escuela, son sencillamente parte de nuestra manera de ser”.

Aspectos a mejorar

Obviamente, no todo es perfecto en Nueva Zelanda. Ni siquiera en materia de corrupción. El mejor ejemplo es que el IPC experimentó una caída importante en 2015. “Eso llevó al sector público a prestar más atención en lo que hay que hacer para prevenir la corrupción —dijo Snively—. A mediados de 2016 el Gobierno decidió comprometerse más con Plan de Acción Nacional para el Gobierno Abierto”.

Esto demuestra que la conciencia que tiene el país de ser muy poco corrupto puede terminar siendo un problema. “La mayor debilidad es la autocomplacencia que surgió por los altos puntajes en el CPI —continuó Snively—. Otra debilidad clave es la falta de entrenamiento sobre el soborno, incluyendo la preparación especial para que los nuevos inmigrantes aprendan rápidamente a no sobornar”.

Janet McLean, profesora de derecho público en la Universidad de Auckland, se refirió específicamente a los riesgos de este fenómeno. “El crecimiento abrupto en la población y el incremento de la inmigración pueden afectar. Esto nos debe hacer pensar de forma más deliberada cómo asegurarnos de que no haya corrupción”, dijo a Infobae.

Por otro lado, el país todavía puede hacer más desde el punto de vista legal e institucional. “Nueva Zelanda debería reformar las disposiciones sobre cohecho y delitos de corrupción para alinearlas a los estándares internacionales e incrementar sustancialmente las penas para las coimas en el sector privado”, apuntó Hanlon.

Algo que quizás no es aún un problema grave, pero que se puede volver un riesgo en el largo plazo es la paulatina erosión de los estándares de cohesión social y equidad que distinguen al país. “La semana pasada —dijo Kelly— Auckland fue señalada como la cuarta ciudad más cara para vivir en el mundo. Éste es un desafío del que hay que ocuparse. La brecha entre ricos y pobres se está ampliando. Esto es claramente indeseable y puede traer muchas consecuencias, incluso corrupción. Y las inversiones públicas en los medios se redujeron significativamente, lo que redunda en la falta de periodismo investigativo de calidad”.

En definitiva, Nueva Zelanda ha conseguido logros envidiables. Pero para que todo siga funcionando bien tienen que mantenerse las condiciones que hicieron posibles esos logros. Si no, puede empezar a experimentar retrocesos inesperados.

“Creo que el ranking que el país ha mantenido a lo largo de los años en el IPC puede distraer la atención sobre conductas de los funcionarios que en otros lugares pueden ser más claramente vistas como formas de corrupción, como el tráfico de influencias y los conflictos de interés. Lo único que nos dice el IPC es que, en comparación con otros países, Nueva Zelanda tiene bajos niveles de corrupción gubernamental. Pero eso no debe ser entendido como que no hay riesgos potenciales”, concluyó Gregory.

Con información de Infobae.

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